Investigación

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Un artículo de Lars Kreiseler y Nina Lösche

Contenidos:

1. La información es poder
2. El manual de métodos
3. Conclusiones

Nicolás Maquiavelo ya defendía que el examen detallado de los puntos fuertes y flacos tanto de nuestros oponentes como de nosotros mismos es uno de los requisitos más importantes para la preservación o expansión del poder.

Aunque citar al estratega italiano (“el fin justifica los medios”) no está bien visto hoy en día, incluso en política electoral moderna, saber contra qué armas (o, actualmente, medios e instrumentos) nos enfrentamos es un requisito fundamental para una campaña de éxito.

Necesitamos estrategia y tácticas, habilidad, resistencia, recursos, ¡e información! Cuanto más sepamos sobre la postura, deseos, miedos y demandas de los votantes, y cuanto más sepamos sobre cómo y cuándo hacerles llegar nuestros mensajes, con más precisión podremos planificar campañas, minimizar la incertidumbre y hacer nuestros mensajes a medida.

Resumiendo: ¡La información es poder!

La información es poder
El votante no tiene por qué ser un ser desconocido.
No hay ninguna razón por la que las campañas políticas no puedan hacer lo que la industria de la publicidad y las agencias de consultoría política hacen cada todos los días. Los organizadores de la campaña son igualmente capaces de usar las herramientas de investigación que dan las ciencias sociales. Durante años, cada vez que se introducía un producto o incluso la nueva etiqueta de una cerveza, se llevaba a cabo con más conocimientos de ciencias sociales que la mayoría de las campañas electorales, al menos en Alemania y la mayoría de los países europeos.

Conoce tu potencial
Varios factores determinan el desenlace de las campañas electorales: la movilización, los temas, las personas y también la simpatía de los votantes. Sin embargo, los “clásicos votantes medios” no sólo se están volviendo más difusos, sino que además están desapareciendo, poco a poco. Se hace mucho más difícil predecir a quién votarán los miembros de un grupo social o profesional.

Mientras que en la década de los 60 el 80% de la clase trabajadora alemana votó por el SPD, en las últimas elecciones generales de 2009 tan sólo lo hizo el 24%. En las mismas elecciones, el 28% votó a la Unión Democrática Cristiana, 13% a los Liberales y el 7% votó por el Partido Verde. Y cada vez con más frecuencia, es el partido de los “No-votantes” el que al final gana las elecciones. Si todos los votantes que se abstienen y han dejado de participar en las elecciones democráticas tuvieran representación, sería el partido más grande y elegiría al presidente. Mientras que más del 91% de los posibles electores acudieron a las urnas en 1972, en 2009 el número había caído hasta apenas el 71%.

Es importante movilizar con toda la energía que podamos, escoger los temas adecuados y posicionar hábilmente a los candidatos, llegando así a nuevos grupos objetivos. Para hacer eso, sin embargo, necesitamos conocer al dedillo a nuestros votantes potenciales.

Conoce tus puntos fuertes: “¡Refuerza tus puntos fuertes y debilita los débiles!”

Partidos que fueron pequeños, como los Verdes, suelen tener dificultades para alinear sus objetivos políticos con los temas actuales que determinan el resultado de las elecciones. A menudo, aparte de los asuntos “clave”, los indicadores “sutiles” o valores de imagen como la credibilidad, la seguridad en uno mismo, un perfil claro y la conexión con los ciudadanos y sus preocupaciones son claves para el éxito electoral. Mantener una buena imagen es uno de los aspectos más importantes de la campaña. Puede sonar raro, pero es cierto en la mayoría de los casos: no cometer errores te hace ganar la mitad de la batalla.

Cuanto antes te hagas una idea de qué piensan los votantes, mejor podrás responder a las carencias potenciales. No lo olvides: una imagen negativa no se puede arreglar de la noche a la mañana, ¡pero la buena imagen se pueden echar a perder en muy poco tiempo!
Para evitar que esto ocurra, ¡tenemos que usar herramientas demográficas! No debemos subestimar nuestras “corazonadas”, por ejemplo: experiencia, intuición y ese pequeño pero necesario toque de suerte; ¡pero una base estadística científica es la mejor ayuda para tomar decisiones!

En conclusión: Si puedes contestar estas siete preguntas sobre tus votantes, estás en el buen camino:

1. ¿Cuántos votantes pueden plantearse votarme?
2. ¿Quiénes son mis votantes?
3. ¿Dónde viven mis votantes?
4. ¿Qué quieren mis votantes?
5. ¿Cómo me ven mis votantes?
6. ¿Qué canales puedo usar para llegar a mis votantes?
7. ¿A quién votarían mis votantes si no me votaran a mí?
No sólo tienes que ser capaz de contestar estas preguntas mucho antes de las elecciones, sino también seguir planteándotelas y evaluándolas durante la campaña. Después de todo, el impacto de la campaña requiere una monitorización constante. De otra manera, sería como una excursionista que pierde su brújula en el bosque. Sabe a dónde tiene que ir, pero va a ser difícil que llegue.

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