Temas europeos en una campaña: el caso francés

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Primer desafío: hablar de Europa
El interés cada vez menor en los asuntos europeos se confirma en todos los países de la UE cada vez que hay elecciones, con cifras de abstención que crecen normalmente (60% en esta ocasión). Pero el trauma de la disputada y acalorada campaña del referéndum de 2005 (que tuvo un 75% de participación) aún colea. Los franceses tienen una relación muy ambigua con Europa y con la integración europea; mucha gente acepta la UE e incluso son partidarios de formar parte de ella, pero sólo si se asemeja más o menos a una “versión extendida de Francia”. Lejos del contenido del Tratado Constitucional en sí, fueron estas dos concepciones enfrentadas las que compitieron en 2005.

Desde entonces, los asuntos europeos han sido especialmente polémicos: una parte de la clase política francesa ha estado gastando tiempo en una batalla ya ganada, mientras que la otra ha hecho de la unidad un espectáculo, afirmando haber acabado con las divisiones. En 2009, Europe-Ecologie era la única facción política donde se había superado realmente el debate largo, destructivo y apasionado entre los partidarios del SÍ y el NO, tanto en palabras como en hechos.

Cuando José Bové y Dany Cohn-Bendit, los representantes de los dos bandos que se habían enfrentado durante la campaña del referéndum, hablaban en público o para los medios, juntos o por separado, no era para hablar sobre el pasado, ni para discutir sobre lo bueno y lo malo del Tratado, de Lisboa o de donde fuera. Al contrario, hablaban del futuro y enumeraban todas las cosas que querían cambiar juntos en la UE. Ofrecieron un mensaje de esperanza y un sueño compartido para Europa. No sólo eso, también explicaron con claridad por qué la crisis que acababa de surgir sólo podía manejarse a nivel europeo.

Segundo desafío: hablar de ecología
Justo eso. ¿Cómo puede alguien atreverse a hablar de ecología en medio de una crisis sobrecogedora? Aunque los franceses cada vez se preocupan más por el medio ambiente (gracias, en parte, al Pacte écologique de Nicolas Hulot con vistas a las Elecciones Presidenciales de 2007), siguen considerando que la ecología es un lujo y los ecologistas unos “bo-bos” (burgueses-bohemios), es decir, gente que vive desahogadamente y por eso se puede permitir preocuparse por la naturaleza, la solidaridad internacional, etc., en vez de preocuparse por los problemas reales del país, como el paro y el crecimiento económico.

Sin embargo, la fuerza del mensaje de Europe-Ecologie reside en cómo pusieron de manifiesto la relación entre la crisis financiera, el fallo del modelo productivo y la degradación medioambiental del planeta. Desde siempre, los periodos de crisis alimentan el miedo al cambio, haciendo que la gente se retraiga a su zona de confort; pero el mensaje de Europe-Ecologie tuvo éxito porque hizo que más electores se dieran cuenta de que la solución a los límites y a las contradicciones de un sistema en crisis se encuentra, precisamente, en la transformación ecológica de la sociedad.

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